Así fue el comienzo del skate en España

Última actualización: 21.11.19

 

El skate es una modalidad de patinaje que cumplió, en el 2014, 50 años de su aparición en el territorio español. Hoy en día, es parte de la cotidianidad y más de uno disfruta su infancia sobre una de estas tablas haciendo piruetas que quizás ya manejan como expertos.

Para conmemorar los comienzos de esta modalidad hay un documental dirigido por Pedro Temboury, en el que se relatan los orígenes del skate en España, utilizando como recursos de apoyo referencial testimonios e imágenes inéditas de los tiempos dorados en los que se comenzó a rodar sobre tablas y ruedas.

Gran parte de este documental está basado en las hazañas realizadas por uno de los pioneros del skate, José Antonio “Caribbean”, quien es el fundador de la primera tienda de artículos asociados con esta disciplina en el país.

A través de una entrevista concedida al sitio JotDown, el patinador relató sus vivencias y los comienzos del skate en España, cómo se formó y cómo la disciplina se instauró en la cultura actual.

Una de las preguntas se refirió a si fue el primer skater de Madrid, a lo que el patinador respondió que no, pero sí comenzó a patinar casi desde que el monopatín llegó a España en el año 1966. Contó que su padre patinaba en el Retiro y él empezó del mismo modo, con patines de correa. Con el tiempo, hizo amigos y fue mejorando en la modalidad. En aquella época, empleaban plataformas de madera y las modificaban con rodamientos de camión. Esto les permitía lanzarse por las cuestas, y para frenar usaban los pies.

Continuando con el relato, explicó el skater que en el año de 1965 fue patentado el monopatín en España. No se trató de un invento nacional, pues era un prototipo cuyas bases estaban en el monopatín americano, que se inventó en el año 1955.

 

La historia de Caribbean

Para cuando se abrió la tienda “Caribbean”, muchas de las cosas que se vendían eran desconocidas para la gran mayoría. Esto también ocurrió con los monopatines Sancheski, pero luego se popularizó el modelo “Top naranja”, un modelo que José Antonio recuerda con nostalgia como su primera patineta, que estaba elaborada en madera de Haya.

Cuando se estropeó, no tuvo como repararla porque no había repuestos, lo que lo llevó a ir a la Cámara de Comercio de Madrid, donde obtuvo la dirección de la compañía y envió una carta exponiendo la problemática. A cambio, recibió los repuestos que requería gratis.

 

 

Sin embargo, contó José Antonio que su primer patín de alta gama lo trajo de Estados Unidos, cuando fue por un curso de inglés. Esto fue en el 1973, fecha en la que también entró en la milicia por un periodo de dos años, cumpliendo servicio en el Cuartel General del Ejército.

Este monopatín que compró en Berkeley, Estados Unidos, le llevó a gastar todo el dinero que le dieron sus padres para la estadía en América, pero era demasiado silencioso comparado con los diseños que había en España, porque ya habían pasado de las ruedas de caucho hierro y madera a unas versiones en uretano.

Al llegar a España, recuerda que fue la sensación, pues los chicos lo paraban por la calle para preguntarle dónde lo había comprado. La insistencia de las personas hizo que redactara circulares a las compañías para importar diversos modelos al país. En aquel entonces, patinaba en los jardines de los Nuevos Ministerios y en el maletero de su Seat 133 llevaba todo el material para vender. Posteriormente, consiguió una esquina en Cimarra Sport y comenzó el proyecto Caribbean.

 

Los trucos

Para mediados de la década de los 70, los patinadores en España aprendieron los trucos de las personas que estudiaban en Inglaterra y en América. José Antonio relató que en aquel entonces no existía material referencial, solo imitaban los movimientos que veían en la calle y en las revistas, como los estilos libres, salto de longitud, slalom. Según contó, era como bailar, pero sobre el skate.

Eran épocas en las que la diversión no faltaba. Muchas figuras, que hoy son leyendas del skate, patinaron junto a José Antonio en aquellos tiempos. Entre ellos, nombró a Ángel Moreno, Mercedes Resino, Juan y Cristina Lacouture, Roberto Soria, Luis Moreno, Clipper, quien era hijo del presentador del 1,2,3. Recordó que eran chicos de todas las edades y lo mejor, aseguró, es que se trataba de un deporte en el que solo se debía hacer una primera inversión, para después tener diversión gratuita.

La falta de espacios habilitados en España llevó a estos chicos a hacer sus propias rampas, simulando los skate parks americanos. Cualquier cosa podía servir de rampa, cualquier curva era una oportunidad para hacer trucos y piruetas, pero todo era casero, hasta los halfpipes.

 

 

Las lesiones

José Antonio también habló sobre las lesiones, afirmando que para él merecían la pena y no eran un mal de morir. Lo común dentro de lo grave, según comentó, era romperse el escafoides. En 1976, presentó esta lesión y tuvo que escoger entre dos opciones, operarse o pasar un año entero con escayola, así que el patinador seleccionó la segunda.

De acuerdo con lo que dijo, el País Vasco era muy avanzado en el tema del skate por estar en la frontera con Francia, de modo que llegaba la influencia cultural de la zona. Para la década de los 70, Francia contaba con mejores instalaciones para el skate, por lo que tenían réplicas de los grandes parques americanos.

 

Una etapa difícil

El skate también tuvo su época oscura. Si bien hubo un boom a mediados de los 70 que llegó con el famoso patín naranja de plástico, la tendencia se paralizó y muchas marcas desaparecieron del mercado europeo. Incluso, rememoró que en Francia hubo suicidios por las bajas ventas y pérdidas millonarias.

La crisis comenzó en América, país donde fueron desapareciendo los parques de skate por inconvenientes con las aseguradoras. Poco a poco se dio una reacción en cadena y revistas como Skateboarder dejaron de circular por falta de anunciantes.

A pesar de la situación, el skate renació. Según detalló, Don Tomás Moreno fue quien apoyó la construcción del primer parque de skate en Madrid. Al parecer, se logró construir gracias a la mensualidad que los skaters de la época pagaban. Tenía drenaje natural y los involucrados aprendieron el oficio de la albañilería. Hicieron un bowl pequeño, una pista de free que estaba inspirada en planos americanos y un quarter.

Para los 90, todo mejoró, pues hubo un cambio drástico tanto en las tablas como en las formas de la disciplina, siendo más asimétricas, pero al mismo tiempo con el estilo agresivo de calle, porque se podía utilizar el mobiliario urbano. Esto dio la oportunidad de que más personas se incorporaran a la práctica, siendo los longboards las tablas de la revolución.

Hoy, con 61 años, José Antonio sigue patinando, compitiendo, y piensa que el skate es parte de su vida.

 

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