Así llegó el popular balón blanco al terreno de juego

Última actualización: 21.11.19

 

Sin balones no hay fútbol, esa es la realidad. Estos elementos han acompañado al deporte rey desde sus comienzos. Sin embargo, no siempre los esféricos lucieron igual. Hace unas décadas atrás, estaban fabricados en cuero y sus diseños eran bastante convencionales.

Si bien es cierto que muchos de los modelos actuales se basan en diseños antiguos porque buscan rememorar las épocas clásicas de este deporte, esto es solo en aspecto, ya que en funcionalidad, tecnología y aerodinámica difieren de los modelos convencionales.

Anteriormente, los balones que se utilizaban en las grandes competiciones de fútbol estaban caracterizados por tener una superficie en dominante color marrón, tono que resultaba por estar elaborados en cuero duro.

Con el paso del tiempo, los desarrollos tecnológicos aplicados a los materiales de confección de los balones han permitido incluir diversas tonalidades que dan mayor dinamismo, siendo muchos balones de un predominante blanco en contraste con otros colores como negro, dorado, azul, entre muchos otros.

La historia del fútbol es muy larga, pues comenzó en forma de campeonatos mundiales en el año de 1930, pero antes de esa fecha, ya había partidos. En algún momento de esa historia, se dejó a un lado el balón de cuero marrón y comenzó a utilizarse la versión en color blanco, similar a los modelos que conocemos hoy en día.

 

Un poco de historia

En un principio, los balones de fútbol estaban elaborados con una cubierta de cuero y eran marrones. Además del color, estos esféricos resaltaban por ser duros y no seguían los estándares de aerodinámica que están presentes en los prototipos modernos.

Muchos pueden pensar que el color marrón no está mal para un balón, pero hay que analizar el resto de las implicaciones y el contexto general que hacía de este color un tono poco conveniente. Para aquellas épocas, los campos estaban hechos en césped natural sobre tierra, por lo que cuando llovía o después de jornadas intensas sobre el césped, este solía quedar embarrado, así que se dificultaba la visualización y distinción del balón, generando confusión entre los jugadores.

 

 

Para solventar la problemática, en el año de 1927 comenzó el cambio. Un visionario, E. L. Roberts, redactó una carta a la revista Athletic News en la que proponía la incorporación de balones de fútbol blancos. Esta persona alegaba, dentro de sus razones, que este color haría más llamativo el balón y resultaría más fácil de detectar por los jugadores, además de que sería el foco de atención de las audiencias, quienes podrían seguir los movimientos y jugadas con mayor detalle.

Los alegatos expresados en esta carta por E. L. Roberts llamaron la atención de Iván Sharpe, editor de la revista, quien además era futbolista y comprendía las limitantes del balón marrón. Para apoyar la moción y darle fuerza, Sharpe dedicó un editorial de la revista al tema del color del balón, mostrándose a favor de la idea y proponiendo realizar una prueba.

 

Llegando a oídos fuertes

Para que una idea tenga fuerza, es necesario que una persona con poder o influencia la apoye y luego que las masas la sigan. Para aquel entonces, uno de los eruditos en el mundo del fútbol era Herbert Chapman, hoy considerado como un prócer innovador de este deporte. Herbert leyó tanto la carta de Roberts como el editorial escrito por Sharpe y decidió aceptar la propuesta, poniendo a prueba las ventajas del balón blanco.

Los espectadores se sintieron atraídos por el color, pero los jugadores no se mostraron convencidos. Para ellos, era más difícil de identificar, quizás por la falta de costumbre. Es posible que te estés imaginando un balón blanco como los de ahora, pero la versión que utilizaban en aquel entonces estaba muy lejos de parecerse a estos. La solución para cambiar el color fue pintar el cuero marrón en blanco, lo que llevó a que la idea fracasara. El mismo Chapman expresó que la prueba no fue exitosa, por lo que la idea del color blanco pasó a segundo plano.

 

 

Problemas de visibilidad

En 1949, durante un partido amistoso televisado entre Inglaterra e Italia disputado en tierras inglesas, el balón de color marrón resultó muy difícil de ver al caer la noche, por lo que el presidente de la FIFA en aquel entonces, Sir Stanley Rous, solicitó que la segunda parte del encuentro se jugara con un balón de color blanco. Hasta la fecha, se ignora de dónde salió el modelo.

Considerando estos antecedentes, en el año 51, la Liga nglesa de fútbol comenzó a utilizar balones de color blanco como regla. En el primer tiempo, se jugaba con el balón convencional de cuero en color marrón y se concluía con un segundo tiempo con balón en color blanco.

Al pasar los años y gracias a la iluminación artificial de los estadios, así como al mal estado del césped, los balones blancos pasaron a ser una necesidad, porque eran más visibles.

 

Mejorando la pintura

Por otro lado, en aquel entonces, ya se había buscado solución a los problemas que se habían presentado en épocas anteriores y los balones contaban con un mejor tratamiento de pintura sobre el cuero. Para ello, los modelos tenían un proceso de curado y luego se les agregaba pintura de color blanco para posteriormente cubrirse con una capa de celulosa.

Ya para el año de 1953, la Asociación de Fútbol FA, por sus siglas en inglés, especificó que los partidos debían jugarse con balones de color blanco o marrón desde el inicio, sin cambios en el medio tiempo, quedando a decisión del árbitro el color que se usaría en cada encuentro. Sin embargo, fue la afición quien cumplió un papel definitorio en que se utilizara el color blanco, porque se podía ver el balón con mayor facilidad desde las tribunas o sus televisores.

Todo esto llevó a que en el año de 1958, en el Mundial que se disputó en Suecia, se utilizaran solo balones de color blanco, siendo este campeonato el que marcó la entrada y permanencia de los balones de este color en el mundo del deporte rey.

 

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