El ciclismo es una actividad terapéutica para cuerpo y mente

Última actualización: 22.11.19

 

Hay momentos en la vida en los que muchos reflexionamos sobre la dirección y curso que llevamos, las decisiones que hemos tomado y los eventos que nos han marcado. Estas reflexiones dan la oportunidad de cambiar y emprender una nueva aventura, un nuevo rumbo.

Aunque parezca extraño, a veces al pasear sobre una bicicleta en contacto con el aire y la naturaleza, es posible escapar del ajetreo de la ciudad y conseguir esas respuestas que buscamos, siendo esta una actividad terapéutica y liberadora.

De hecho, son muchas las personas que han experimentado esta opción. Una de ellas es el bloguero Emilio Ibáñez, un abogado y docente de la Universidad de Navarro que vive en Bilbao y quien ha escrito algunas reflexiones que le han dejado una vasta experiencia para escribir de la vida y del ejercicio.

Ibáñez explica que en alguna ocasión recibió una llamada de un ex compañero de trabajo, quien le preguntó sobre las novedades de su vida. Al estar en su ciudad natal, quedaron una tarde y se pusieron al día sobre la vida de cada uno.

Hablaron de temas económicos, de las diferencias entre las ciudades e incluso de los salarios y el coste de la vida en cada lugar. Tras profundizar en distintos temas durante la conversación, querían saber a dónde llegarían o a dónde los llevaría su profesión. Hasta en ese momento, ambos hombres vivían de forma sencilla, con un salario para cubrir alquileres y otros gastos, lo que en definitiva los limitaba a disfrutar de más experiencias. En otras palabras, concluyeron que vivían para trabajar y no lo contrario.

 

 

Encuentro revelador

Un tiempo después, el catedrático que también es biker amateur coincidió en un tren con otro ciclista de mayor experiencia llamado Miguel. De este encuentro de 47 kilómetros en tren surgieron muchas reflexiones.

Ibáñez conoció que su compañero de charla era tornero, actividad que le generaba un salario con el que podía vivir bien. Además, este caballero era fanático del campo y de la naturaleza, por lo que todos los fines de semana, sin falta, a menos que una situación de fuerza mayor lo impidiera, se trasladaba junto con su novia y amigos a estas áreas para entrar en contacto con la naturaleza.

Cada uno de ellos iba en bicicleta de montaña o senderismo y compartían la afición por el deporte. Una de las metas de Miguel, según resalta Ibáñez, era el “centenario”, una actividad en la que se deben subir cien cumbres de la provincia.

Por todo esto, Miguel llevaba una vida un tanto diferente a la del común. Se levantaba temprano por las mañanas, cuidaba las horas de sueño e intentaba dormir temprano para disfrutar de las horas de luz durante su paseo. Además, explicaba que no tenía televisión porque no le gustaba.

 

Disfrutar la vida con ejercicio

Ambas historias muestran realidades de personas comunes, pero que llevan la vida de forma distinta. De este modo, Ibáñez tomó ambas para hacer una reflexión sobre lo que representa la vida y la manera en que actualmente se ejerce la libertad.

Para darle validez a su punto, el bloguero toma un fragmento del libro “La libertad vivida” de Jutta Burggraf, en el que se pone de manifiesto que todas las personas tienen libertad, aún cuando se encuentren expuestas a vivir situaciones adversas. En este sentido, es posible ejercer dicha libertad para de alguna forma librarse de todas aquellas situaciones que impiden lograr un buen grado de plenitud y de la capacidad de elegir.

A su juicio, personas como su amigo Miguel han decidido aprovechar la vida y disfrutarla del modo en que les hace ser felices, les llena y les place. Modo que además es saludable y ecológico, pues se disfruta de las maravillas de la naturaleza, se conoce, se respira aire fresco y se hace ejercicio.

 

 

Lo positivo para el cuerpo y la mente

Todo esto llevó a Emilio Ibáñez a establecer algunas reflexiones sobre lo beneficioso que resulta para el cuerpo y mente el hecho de disfrutar cada momento de la vida acompañado de la naturaleza.

En primer lugar, afirma que descansar en espacios verdes está asociado con una reducción de padecer enfermedades mentales, incluso algunos estudios confirman que el contacto con la naturaleza aumenta los años de vida: “veremos a gente en edad de jubilación, paseando por el campo los días de fiesta”, dice.

Como segundo punto, el autor explica que existe menor fatiga. Esto debido a que la naturaleza le brinda al sistema nervioso de los humanos algunos estímulos positivos que sirven de distracción y reducen las experiencias negativas.

Ibáñez explica como tercer punto que esto beneficia la salud mental y psicológica. Para ello afirma que se produce un cambio en la autoestima y en el estado de ánimo, con sólo minutos de hacer ejercicio al aire libre.

En un cuarto punto, expone que tanto el ejercicio como el medio ambiente ayudan a controlar los niveles de estrés en el cuerpo. Según afirma, el tener contacto con la naturaleza produce una caída de los índices endocrinos como el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina, siendo aspectos ligados al estrés.

De modo que se lleva una vida más relajada, lo que permite ver el mundo con otros ojos y responder de mejor manera frente a las situaciones adversas de la vida diaria.

Como quinto punto, Ibáñez resalta que ser prudentes en espacios naturales permite al ser humano ser consciente de sus límites. Asegura que es bueno plantearse metas, pero que estas deben ser asumibles y alcanzables, ya que según su perspectiva el sobreesfuerzo o la decepción de no lograr los resultados puede acarrear consecuencias negativas.

Su sexta reflexión se trata de compartir el descanso. Para nadie es un secreto que somos seres sociales, por lo que compartir aficiones sanas y practicar ciclismo en equipo te convierte en una persona más armónica y feliz.

Para finalizar, como séptimo punto recomienda “pensar y reflexionar”, siendo la naturaleza y los espacios al aire libre los sitios más aptos para analizar el sentido de la vida. Para explicar el punto, hace referencia a otra ciclista de montaña, Pilar del Moral, quien cuenta que al lograr su primera cumbre entendió lo insignificante que es el ser humano respecto a la naturaleza y que comenzó a dar más valor a detalles que antes ignoraba.

Para Ibáñez, alcanzar la cima, recorrer senderos, pedalear y sentir el aire en el rostro, el olor de los pinos y árboles, así como contemplar la naturaleza y vernos como seres pequeños en esa gran inmensidad pueden ayudar a encontrar plenitud. Por ello, recomienda más naturaleza como un mecanismo para encontrar paz y tranquilidad en nuestro mundo ajetreado.

 

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